Implicaciones psicológicas de los familiares de ancianos con Alzheimer: cómo afrontar el cuidado del enfermo

cuidado de ancianos con Alzheimer


El Alzheimer es una enfermedad mental degenerativa que provoca una pérdida paulatina de la memoria y de la autonomía personal de los enfermos. Es un tipo de demencia senil severa que sufren los ancianos.

Es uno de los trastornos más complicados de sobrellevar ya que no tiene cura y su duración suele prolongarse años, en los que el anciano necesita atención continuada hasta el punto de no poder realizar por sí mismo las tareas del día a día: comer, ducharse, vestirse o ir al baño.

Además, el Alzheimer es una enfermedad que provoca cierta alteración nerviosa en los enfermos que les agria el carácter, les merma sus capacidades sociales y les nubla el entendimiento. De manera que se alteran de formaexagerada ante cualquier imprevisto y no logran entender las explicaciones de sus cuidadores ni empatizar con ellos.

En Ayuda Familiar, empresa especializada en la ayuda a domicilio a las familias, entendemos el trabajo que supone el cuidado de personas dependientes y queremos mostrar que los casos no son aislados, exponiendo las implicaciones psicológicas que supone para la familia el cuidado de un anciano con Alzheimer para ayudarles a afrontar su situación.

 

Síntomas o comportamientos más comunes en los enfermos de Alzheimer

Pérdida de la noción del tiempo, los enfermos creen levantarse de la siesta a las 1 de la madrugada o desean irse a dormir a las 7 de la tarde, sin conseguir en la mayoría de ocasiones dormir durante toda la noche y alterando también el sueño de los que conviven con él.

 

Alucinaciones y recuerdos incongruentes, el enfermo recuerda personas y situaciones que sucedieron en su infancia o adolescencia y los mezcla con el presente por lo que es común que confunda a su sobrina con una prima de la que los familiares ni siquiera habían oído hablar antes, que crea que sus hijos son todavía niño o espere la visita de una hermana fallecida.

 

Tozudez e insistencia, las personas que sufren Alzheimer pierden la capacidad de comprensión y olvidan las conversaciones que mantienen minutos antes. Por ello, suelen ser tozudos y dudar de lo que sus familiares les explican para tranquilizarles, insistiendo una y otra vez en sus ideas, preguntando incansablemente sobre lo que les preocupa y en ocasiones adquiriendo cierta agresividad.

 

Inquietud, los ancianos con demencia senil suelen estar inquietos, creyendo que tienen una cita a la que llegarán tarde o esperando a personas que nunca llegan por lo que empieza a preocuparse y a ponerse nerviosos, sintiendo la necesidad de salir de casa o al balcón y esperando el mínimo descuido de sus cuidadores para hacerlo a escondidas.

 

Inestabilidad y desequilibrio, el Alzheimer provoca que el enfermo pierda equilibrio y estabilidad por lo que es frecuente que tengan que recurrir a un andador o en los casos más avanzados una silla de ruedas ya que son propensos a las caídas. Este hecho hace que sus cuidadores tengan más temor de dejarlos solos y sientan la necesidad de vigilarlos para evitar que se hagan daño.

 

Desafección, con el transcurso de la enfermedad el anciano deja de indicar muestras de cariño hacia sus familiares más cercanos, los que le cuidan, ya que son ellos quienes le prohíben ciertos comportamientos y le contradicen cuando él considera que tiene la razón. Además, los recuerdos de su pasado se hacen cada vez más habituales por lo que añora las épocas pasadas y recuerda a las personas que ya no están. 

Cómo afecta el Alzheimer a la familia del enfermo

Las personas que suelen encargarse del cuidado de los enfermos de Alzheimer son los familiares que durante las primeras fases de la enfermedad creen que podrán afrontar la tarea pero a medida que los síntomas se agravan se dan cuenta de que recurrir a ayuda externa es la solución más acertada.

Por un lado, los familiares no tienen conocimientos profesionales sobre el cuidado de los enfermos y no conocen el trastorno hasta el punto de comprender lo que les pasa. Atender a un enfermo que no nos comprende y al que además no logramos entender cambia el núcleo familiar por completo.

Por otro lado, el curso progresivo de la enfermedad agrava los trastornos de su conducta, consumiendo más atención, cuidados y dedicación de los integrantes de la familia, por lo que el agotamiento y estrés del cuidador hace que inintencionadamente se descuiden algunos de los cuidados y no se atienda al enfermo como debería.

La responsabilidad y presión que supone el cuidado de un anciano con Alzheimer conlleva un deterioro del cuidador que se manifiesta en agotamiento, fatiga y problemas de sueño.

A medida que la enfermedad avanza y el enfermo precisa más y más atención el cuidador comienza a sentir impotencia e ira y se convierte en una persona irritable, depresiva y a la defensiva. Dedica todo su tiempo al enfermo, se siente incomprendido y descuida sus relaciones personales.

En este tipo de situaciones se hace se recomienda a los familiares recibir ayuda psicológica de manos de un profesional. Actualmente este servicio está al alcande de todos ya que cada vez es más habitual encontrar psicólogos a domicilio que pueden prestar toda la ayuda necesaria a los familiares de un enfermo de Alzheimer en su propio hogar con todas las comodidades y facilidades que eso conlleva: una mayor seguridad y comodidad, al estar dentro del entorno familiar, y mayor facilidad para el profesional de comprobar la situación en el hogar y detectar de manera mucho más precisa las soluciones y medidas a adoptar. 

Fases psicológicas de los familiares de ancianos con Alzheimer

Cuando la enfermedad ya está en un estadio más avanzado, las actitudes del anciano y los obligatorios cambios en la rutina del hogar causan conflictos familiares debido a desacuerdos en la distribución de las responsabilidades, los recursos económicos existentes para hacerse cargo del enfermo, y la falta de tiempo. De manera que, es habitual que un miembro de la familia se haga cargo del cuidado del enfermo.

Las fases psicológicas por las que suelen pasar habitualmente los miembros de la familia son:

 

  1. Negación

En muchas ocasiones los ancianos con demencia senil se comportan con normalidad delante de personas desconocidas o que no ven habitualmente y muestran todos los comportamientos típicos de su trastorno sólo frente a sus cuidadores, sus familiares más cercanos.

Asimismo, suele esconderse al realizar algunos actos, esconder objetos o mentir a sus cuidadores.

 Por ello, una de las primeras fases por las que pasa su familia es la negación de la enfermedad ya que ante estas actitudes es habitual pensar que el enfermo es consciente de lo que hace y quiere engañar a sus cuidadores.

Lo cierto es que los enfermos de Alzheimer tienen momentos de lucidez y suelen olvidar lo que han hecho o dicho minutos antes, por lo que frente a la incomprensión y frustración de sus propios actos suelen esconderse para evitar que les riñan o les recriminen un comportamiento que ni ellos mismos pueden explicar. Realmente no son conscientes de sus actos, sólo quieren evitar que los demás se den cuenta de su problema

 

  1. Soledad

Cuando los familiares de un enfermo de Alzheimer comentan su situación con otras personas suelen recibir actitudes de incomprensión y falta de empatía. Aquel que no vive esa situación no conoce hasta donde llega su alcance y en muchos casos cree que la familia está exagerando.

Por este motivo, los familiares suelen sentirse solos, sin posibilidad de desahogarse y explicar cómo se sienten en su entorno más cercano por miedo a la desaprobación.

 

  1. Pena

Nuestros mayores forman un papel fundamental en nuestras vidas. Abuelos, padres, hermanos que han compartido con nosotros vivencias íntimas e importantes para nosotros, por lo que cuando dejan de recordarlas y nosotros dejamos de reconocer sus reacciones y actitudes como solíamos hacerlo la sensación es devastadora. Siguen estando cerca pero ya no son ellos mismos.

 

  1. Culpa

Cuidar a una persona con demencia senil es muy duro. El día a día es una carrera continua que al día siguiente vuelve a comenzar. Es como vivir en el día de la marmota, todos los días las mismas actitudes, las mismas reacciones, las mismas preguntas y las mismas respuestas.

La presión a la que está sometida la familia en ocasiones crea un estado de saturación que hace que se descuide al enfermo, lo que posteriormente se convierte en un sentimiento de culpa por no poder afrontar la situación y no atender a su ser querido como se merece.

 

Todas las familias en esta situación sufren lo mismo y la solución no suele ser fácil ya que todavía existe cierto desconocimiento frente a las implicaciones de esta enfermedad, no sólo para el enfermo sino para los familiares.

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La manera más adecuada para afrontarlo es la colaboración. La responsabilidad debe organizarse para que cada miembro del núcleo familiar ponga su granito de arena, planificando las tareas.

Todos los miembros de la familia deben disponer de tiempo libre para atender sus propias necesidades y así no sufrir una sobrecarga de responsabilidad. Algunas recomendaciones para mantener una buena salud física y psicológica son:

Dormir bien. Hacer turnos de noche para cuidar del enfermo ayudará a que cada día sea un miembro de la familia el que altere su descanso permitiendo a los demás dormir durante toda la noche.

 

Hacer ejercicio. El ejercicio físico es beneficiosos para mantenerse activo y ayuda a tener una actitud más positiva y alegre. Además de los beneficios físicos que supone tener una buena condición física.

 

Mantener una dieta equilibrada. Cuidar la salud y la alimentación es esencial para conservar la fuerza necesaria y la actitud precisa que implica ser cuidador.

 

Evitar el aislamiento. Hablar por teléfono con amigos, chatear por WhatsApp o quedar a tomar un café de vez en cuando son actividades que contribuirán a conseguir una correcta salud mental y evitar ese sentimiento de soledad que afecta a los cuidadores.

 

Salir de casa y descansar. Todo cuidador necesita su propio espacio, realizar actividades para él mismo y cuidarse un poco. Salir de casa y poder tener un rato de descanso cada día es crucial para conseguirlo.

 

Para conseguir todos estos objetivos, es preciso disponer de tiempo libre. En muchas familias todos sus miembros trabajan por lo que repartirse de manera equitativa las tareas suele ser muy difícil. Por eso, recurrir a ayuda exterior es de vital importancia para evitar que el cuidador renuncie a su vida diaria, pueda ir a trabajar y aliviar su carga, proporcionándole, además, al enfermo una mayor atención.

Existen ayudas públicas para las familias en esta situación, grupos de apoyo, asociaciones de afectados por la enfermedad y empresas que se dedican profesionalmente al cuidado de personas dependientes.

Ayuda Familiar te ayuda a gestionar las prestaciones de servicios marcados en la Ley de dependencia y ofrece servicio de cuidado de personas dependientes, limpieza y acompañamiento para ancianos dependientes para hacer la vida más fácil a las familiar y contribuir a una mayor conciliación familiar y laboral.




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